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Mis 9 estrategias favoritas para evitar gritar cuando pierdo los nervios

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Conseguir que nuestros hijos pequeños nos escuchen y obedezcan puede ser un reto en ciertos momentos. Aunque estemos frente a un niño obediente siempre habrá momentos en los que simplemente no te escuche. En algunas ocasiones puede ser divertido unirse al juego o dejarle que se quede en su mundo, pero en otras, necesitaremos que nos atienda, porque si no… no llegamos al cole o no se acuestan a una hora prudente.

Como todos los padres y madres, y más con tres pequeñajos corriendo por la casa, a veces me siento desbordado y no puedo evitar gritar a los niños. Es difícil mantener la calma en todo momento y más cuando estoy cansado. Aunque los enfados siempre han sido una excepción en nuestra casa, a veces ocurren y mis hijos me han dejado saber que no les gustan nada. Por eso me plantee hace tiempo reducir los enfados y gritos a la mínima expresión.

A continuación puedes encontrar 9 estrategias sobre cómo evitar gritar a los hijos. Saber poner límites, y normas, tener unas buenas rutinas, ser comprensivo y tener paciencia me han ayudado mucho. Pero como todo eso ya lo dominaba bien, la estrategia más importante, la que no hacía y ahora hago, la que me ha permitido estar tranquilo en los momentos más difíciles es la número 7… Un pequeño acuerdo entre padre e hijos y padre.

1. Pon normas claras

La primera regla de oro para evitar los gritos a los niños es tener una serie de normas claras que faciliten la convivencia. Unas normas claras a la mesa, unas reglas que delimiten los tiempos de televisión, juego y ayuda en casa.

Las normas junto con las rutinas permitirán que los niños sepan lo que va tocando en cada momento, estén centrados en lo que tienen que estar y que tengan los oídos despejados y la mente preparada para escuchar y hacer lo que les pedimos. En realidad esta estrategia es más de prevención, pero he querido incluirla porque la mejor forma para evitar caer en el grito es evitar perder los nervios.

2. Sácale del contexto

Cuando el niño está absorto en un juego o saltando sobre la cama con sus hermanos es difícil que te pueda atender. En estos casos sólo suele haber dos alternativas para conseguir que el niño preste atención a tus palabras. Una, es gritarle. La otra es sacarle del contexto que le tiene absorto.

Si está jugando a la consola (cosa poco recomendable a estas edades), dile que la pare un momento.

Y si está en el cuarto de juegos o saltando sobre la cama, quizás te puedas tumbar en ella y, cuando salte sobre ti (que lo hará) puedes atraparlo y llevarlo al cuarto de al lado.

Si le sacas del contexto que le tiene absorto la probabilidad de que pueda escuchar lo que le dices aumentará.

3. Actúa como si fuera sordo

Para llamar la atención de una persona sorda no la puedes gritar (ni tampoco hablar), porque simplemente no te puede escuchar. Con un hijo que está absorto mirando algo o enloquecido jugando con sus hermanos puede pasar lo mismo. El colectivo de personas sordas utiliza otras estrategias para llamar la atención de sus compañeros. La que más utilizo en casa es tocar el hombro de mis hijos para llamar su atención. El contacto físico hace que podamos llegar al cerebro del niño por una vía poco habitual, lo que provocará su sorpresa y aumentará la probabilidad de que nos preste atención.

4. ¿Has probado a pedirlo por favor?

La palabra mágica, no solo funciona con los adultos. Los niños también prestan más atención cuando les pedimos las cosas por favor. Desde los dos años de edad desarrollan su instinto altruista y son más proclives a actuar de una determinada manera cuando perciben que están ayudando a otra persona. Desde luego en mi caso cuando pido por favor que me escuchen o me ayuden incrementa las probabilidades de que me preseten atención en los momentos difíciles.

5. Díselo al oído

Esta es una estrategia que me funciona especialmente bien.

Cuando decimos algo al oído normalmente ponemos la mano alrededor de la oreja, permitiendo el contacto físico.

Ese contacto físico hará que su cerebro segregue oxitocina (la hormona del vínculo y la unión) facilitando que el niño te preste más atención.

Así mismo, cuando susurramos, su atención auditiva tiene que esforzarse por escuchar tu mensaje. Su hemisferio izquierdo se activa con mayor intensidad y conseguiremos que se concentre, se calme, entienda el mensaje que le queremos transmitir.

Si al terminar el mensaje secreto lo acompañamos con un “Venga, obedece, gamberrote” el éxito está casi asegurado. Es una técnica que me funciona realmente bien. Al fin y al cabo ¿a qué niño no le entusiasma conocer un secreto?

6. Ponte al nivel de sus ojos

Uno de los mayores errores de los padres que quieren que sus hijos les hagan caso es hablarles en la región periférica del campo visual. En esta zona los estímulos son percibidos por el cerebro como irrelevantes. Si les hablas de pie (mientras ellos están sentados en el suelo) o desde su espalda (mientras juegan a la consola) la probabilidad de que te hagan caso es muy pequeña.

En esa disposición tú y tus intenciones resultáis irrelevantes. No es de extrañar que el padre o madre que se siente ignorado se frustre y acabe gritando, pero esto se podría evitar simplemente agachándote y poniéndote al nivel de sus ojos. Si sus ojos miran a tus ojos es muy probable que su cerebro también escuche tus palabras.

7. Establece el protocolo de emergencia

Acuerda un protocolo de emergencia. Después de un día en el que les grité a mis hijos (2, 3 y 5 años de edad) a la hora de la cena porque no me estaban obedeciendo, ellos me regañaron y me dijeron lo mal que se sentían cuando me enfadaba tanto. Yo reconocí mi fallo y les pedí que me dieran una alternativa. Ellos estuvieron de acuerdo que mi labor de padre era difícil si mi única alternativa era el grito, así que acordamos tener una especie de protocolo de emergencia.

Acordamos entre todos que, antes de gritar, les avisaría. La señal para acordamos para avisarles de que estaba a punto de estallar sería contar hasta tres, avisando de antemano que estaba a punto de gritar. En cuanto veo que mis ánimos se están cargando, les digo, “Estoy a punto de enfadarme de verdad, voy a contar hasta tres y os quiero a todos sentados a la mesa…”.

Con esta señal su cerebro sabe inmediatamente que están sobrepasando el límite de mi paciencia (que si, como la de todos, tiene un límite) y enseguida obedecen. Ellos tienen una señal de aviso que les sirve para reaccionar y a todos nos parece un trato justo. Si no lo has hecho, no lo dudes; acuerda con tus hijos un protocolo de emergencia y ahorraréis gritos y disgustos.

8. ¡Grita! pero grita sin ira…

Gritar no tiene por qué ser malo. Lo malo es la ira que lo acompaña. Para sortearla prueba esto. Antes de perder la paciencia, pega un grito gamberro para que tus hijos te hagan caso y lánzate a por ellos con una guerra de cosquillas, o achuchones.

Puede que la calma no llegue inmediatamente, pero descargarás la energía negativa y, cuando acabe la pelea, ellos estarán más dispuestos a obedecer. Así que si lo necesitas, ¡grita!…pero para jugar.

9. Silencio, por favor..

Nuestros hijos están tan acostumbrados a que les digamos las cosas o les regañemos que el silencio puede ser el factor sorpresa. Puede parecerte sorprendente pero permanecer callado delante de tus hijos cuando no están obedeciendo hará que su atención se dirija hacia ti y lo que tienes que decir. Permanece de pie mirándoles, sin decir una palabra y en unos momentos estarán mirándote. De esta manera, no tendrás que gritar a los niños.

Por Álvaro Bilbao. Autor de El cerebro del niño explicado a los padres.

4 comentarios de “Mis 9 estrategias favoritas para evitar gritar cuando pierdo los nervios

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