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Los 4 errores más frecuentes a la hora de poner límites a niños pequeños

Muchos padres se sienten perdidos a la hora de poner límites a sus hijos pequeños. Los límites son difíciles porque son la manifestación de un conflicto y los conflictos nos ponen nerviosos, nos hacen dudar y, en muchos casos puede generar más conflicto. Aunque poner límites puede resultar relativamente sencillo y muy efectivo si se siguen unas claves para poner límites sin dramas no todos los padres los conocen o les resulta sencillo ponerlos. Por ese motivo algunos padres los evitan o los resuelven de una forma brusca. Aquí os he querido dejar algunos errores frecuentes que los padres cometen en relación a los límites.

1. No ponerlos

Está bien demostrado. Los límites son importantes y necesarios para el desarrollo cerebral de cualquier niño.  Los límites conforman las reglas del juego y cuando no las tenemos nos sentimos perdidos. Por eso, el niño que crece sin límites puede tener problemas de confianza, de seguridad en sí mismo y mayores problemas para regular su comportamiento y emociones. Al fin y al cabo, la regulación de las emociones requiere de grandes dosis de autocontrol.

2. Poner demasiados

Muchos padres se aferran tanto a la idea de que los límites son buenos para el desarrollo del niño que piensan que deben regular o controlar todos los aspectos del comportamiento del niño y crean un sistema excesivamente complejo de normas y regulaciones que el niño es incapaz de gestionar. Siempre es mejor poner pocos límites que el niño pueda recordar y que podamos ayudar a respetar que demasiado límites que ni se recuerden ni se respeten. Recuerda que el primer paso es predicar con el ejemplo…así que no te extralimites con los límites.

3. Dejar todo el peso en los límites

A veces los padres confían demasiado en los límites. Cuando el niño es muy pequeño y no tiene capacidad para hablar, entender lenguaje complejo o razonar…los límites en la forma clásica de decir “no”…pueden ser la estrategia más socorrida. Sin embargo, cuando hablamos de niños algo mayores…a partir de los 3 o 4 años lo más efectivo suele ser transformar el límite puro y duro en normas consensuadas entre todos los implicados. Las normas (aunque son una forma de límite), nos permiten ahorrar mucho esfuerzo en tener que decir “no” y nos permiten a todos tener algunos acuerdos claros que nos permiten convivir más relajadamente.

4. Identificar el NO con el enfado

Para algunos padres la palabra “Límite” suena terrible como si fuera sinónimo de coerción, castigo o enfado. Los límites no son agradables, porque implican pedir al niño que deje de hacer algo que está haciendo y con lo que aparentemente está conforme, pero no por ello tienen que ser desagradables. Si tu hijo se pone a jugar con tu teléfono sin tu permiso tienes muchas opciones para enseñarle que no quieres que lo haga….desde pegarle en la mano, hasta simplemente cambiárselo por su muñeco favorito. En los dos casos estás poniendo un límite, aunque en el primero el niño sufrirá y aprenderá que la agresión física es un recurso apropiado para relacionarse con los demás y en el segundo aprenderá que la amabilidad puede estar presente incluso cuando hay desacuerdo.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”

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