Mi hijo está más llorón de lo habitual; las 3 causas más probables y cómo ayudarlo.

llorón

Más llorón de lo habitual. Es la frase que estoy escuchando mucho estos días. La verdad es que es una expresión que no me gusta especialmente porque parece que el niño está haciendo algo malo o es señalado por sus sentimientos. Prefiero la expresión “está más sensible” aunque he de reconocer que “está más llorón” suele describir el comportamiento del niño a la perfección.

En este post no vamos a hablar de niños que lloran mucho, bebés de alta demanda o niños sensibles, sino que me voy a centrar en ayudarte a comprender un fenómeno muy habitual en los niños. Los cambios de tolerancia a la frustración que son muy frecuentes entre los 2 y los 12 años de edad principalmente. En este sentido no voy a hablar del niño que es muy llorón, ni del niño que es poco llorón (no me gusta poner etiquetas). Voy a hablar de niños que lloran mucho o que lloran poco pero que en determinados momentos lloran más de lo que suele ser habitual en ellos.

Cada niño tiene su propio ritmo de descargar la tensión a través del llanto, pero todos los niños experimentan periodos en los que se encuentran más sensibles y lloran más. 

Toma como referencia a tu propio hijo

Como decía, hay niños que lloran mucho en su día a día y otros que apenas lloran. Entre medias la mayoría de los niños no lloran ni mucho ni poco. Lo que si ocurre a todos los niños es que hay etapas en las que lloran más de lo que suele ser habitual en ellos. Los que lloran poco habitualmente lloran bastante, los que no lloran ni mucho ni poco de repente lloran mucho y los que lloran mucho empiezan a llorar mucho más. Son cambios en el patrón de llanto que ocurren de manera más o menos rápida (en el transcurso de un par de días) y que se mantienen durante un tiempo (por ejemplo 4 días o un par de semanas). Al cabo de un par de días desde el inicio del cambio los padres se dan cuenta y piensan en la frase: “Este niño está más llorón”.

No es que esté más llorón

Siempre que un niño llora lo hace por un buen motivo. Ningún niño se mete en la cama pensando: “mañana voy a estar muy llorón y así mis padres me comprarán ese juguete” o “Mañana voy a estar muy llorón para que me hagan más caso”. El llanto es una respuesta adaptativa totalmente involuntaria (a menos que uno sea Meryl Streep o Robert deNiro) que busca siempre reducir el malestar de dos formas.

La primera es reducir los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Cuando el niño llora segrega cortisol pero también endorfinas (especialmente al final) un neurotransmisor que le ayuda a sentirse más relajado y reducir la sensación de agobio o angustia.

La segunda es demostrar de forma externa su sentimiento de frustración o incapacidad para pedir ayuda. En este sentido el niño que llora está lanzando un mensaje al mundo: “No sé como actuar”, “No soy capaz de enfrentarme a esto solo”, “Necesito ayuda”

Por lo tanto, no es que esté más llorón. Es que simplemente está pidiendo ayuda. Tu ayuda.

Qué es lo que le ocurre cuando está más llorón de lo habitual

Cuando un niño o una niña está más llorón de lo habitual esto ocurre porque ha habido algún cambio que hace que su capacidad de regulación emocional deje de ser la “habitual”. Así de sencillo. Normalmente hay tres cambios que llevan a los niños a estos periodos de más llanto que nos hacen pensar en la frase: “Este niño está más llorón”

1. Cambios familiares

Cuando hablamos de cambios familiares nos referimos a cambios que afectan a toda la familia y que, por tanto alteran el equilibrio que hasta entonces existía entre sus miembros y en las rutinas diarias. Los niños acusan estos cambios familiares más que ningún otro porque hacen que su estructura, sus rutinas y, en muchos casos los puntos de anclaje que le dan seguridad, como pasear con su mamá al supermercado o cenar en su silla con sus dos papás desaparezcan. Algunos ejemplos de cambios familiares son un cambio de residencia o mudanza, el nacimiento de un hermanito o una separación o divorcio. En todas estas circunstancias cualquier niño puede pasar de estar bien adaptado a estar más nervioso o sentirse más inseguro y mostrarse más “llorón”.

2. Cambios en el entorno

Algunos niños son muy sensibles a los cambios y esto hace que adaptarse a ellos suponga una fuente extra de esfuerzo y estrés que hace que su umbral para tolerar la frustración disminuye. Es muy frecuente que los niños experimenten periodos de más llanto cuando inician la escuela, cuando cambian de profesor o incluso de compañero de mesa en el comedor o en el aula. También son frecuentes los periodos de más llanto cuando los niños se están adaptando a los cambios estacionales, especialmente en primavera y en otoño ya que su hipotálamo (la parte del cerebro que regula la temperatura) tiene que hacer un esfuerzo fisiológico considerable para adaptarse a los cambios de temperatura bruscos que se dan entre las primeras horas del día y la tarde y también adaptarse a los cambios de luz y temperatura general.

Los cambios de estación y el fin de curso suelen ser épocas en las que los niños tienen que hacer un esfuerzo extra por adaptarse a cambios y sobrellevar la fatiga de todo el curso

3. Cambios en el propio niño

Otro motivo frecuente de estos episodios de llanto en los que los padres decimos eso de “El niño está más llorón de lo habitual” pueden ser cambios en el propio niño. Están los cambios puramente físicos, es decir, las enfermedades; es normal que un niño esté algo más sensible si está incubando, pasando o recuperándose de un virus, aunque por lo general los padres somos más sensibles y comprensivos con este tipo de cambios “temporales” que de otro tipo de cambios que son más psicológicos y que suelen pasar desapercibidos. Por ejemplo cuando está cambiando de etapa y pasa de gatear a caminar, cuando empieza a tener más autonomía alrededor de los 3 años de edad En muchos de estos cambios el niño experimenta una gran satisfacción de verse capaz, pero a su vez experimenta la sensación de inseguridad. Inseguridad por no tener tantos apoyos y no tener tanta guía como cuando esas mismas tareas las realizaba acompañado por papá y mamá. Otra situación muy habitual que hace que los niños experimenten cambio es cuando llega la etapa de final de curso. El cerebro, de forma natural experimenta un fenómeno cerebral que conocemos como “Habituación” y se siente más cansado y aburrido de las tareas rutinarias en la escuela y en casa y eso hace que le cueste más trabajo concentrarse y mantener la motivación.

Agotado

Cómo podemos actuar

1. Comprender al niño

Si te has visto a tu hijo identificado en alguna de estas circunstancias que acabamos de comentar es posible que ya estés entendiendo mejor a tu hijo o hija. Es importante hacer este pequeño trabajo de detenernos y ponernos en su lugar. Recuerda que siempre que un niño llora lo hace por una buena razón y si tu hijo está pasando por una época de más llanto es muy probable que esté experimentando inseguridad, angustia o simplemente cansancio. Intenta identificar qué ha cambiado en la familia, en el entorno o en el propio niño y ponte en su lugar.  Recuerda: Una buena dosis de comprensión te va a ayudar a ponerte en su lugar y entender qué es lo que necesita. 

2. Reduce la estimulación en casa

Es importante que en épocas de mayor sensibilidad y cansancio los padres ayudemos a regular el entorno para que no contribuya a la saturación emocional que experimenta el niño. Podemos regular el entorno de muchas maneras como apagar la televisión (ya que es una fuente de estímulos vísuales y auditivos), apagar o bajar el volumen de la radio (estímulos auditivos), intentar que la casa esté un poco más ordenada y reducir el número de visitas de familiares y amigos. Sin embargo el factor que más va a provocar desajuste, el mayor distractor es tener rutinas desorganizadas. En estas épocas es bueno retomar los buenos hábitos y horarios que ayuden al niño a hacer transiciones entre actividades de una forma más sencilla. Recuerda: Salirse de la rutina puede ser una fuente de desorden y estrés. 

Los niños que están pasando por una etapa de más llanto y sensibilidad no necesitan de sus padres más enfados y presiones sino más cariño y calma. 

3. Facilita el descanso

Los niños necesitan dormir muchas horas al día (puedes consultar en esta tabla cuántas) y cuando están cansados o pasan por épocas de cambios y estrés más todavía. En estos casos es muy importante que, como padres, ayudemos al niño a regular sus niveles de cansancio facilitando que el descanso sea completo. Una buena higiene del sueño va a facilitar que el niño esté descansado, recupere energías, reduzca sus niveles de cortisol en sangre y cerebro y recupere su capacidad de afrontar problemas de forma autónoma en lugar de recurrir al llanto. En este artículo te explico a qué hora tiene que irse tu hijo a la cama en función de su edad.  Recuerda: Los niños necesitan una buena higiene del sueño y los padres somos los encargados de ayudarles a conseguirla

4. Utiliza la educación en positivo en lugar de la confrontación

Ya lo hemos visto. En las épocas en las que los niños están más cansados necesitan más apoyo y comprensión. Pero ¿Cómo lograrlo si justo en estos momentos los niños están más difíciles y todo cuesta con ellos mucho más trabajo? La verdad es que no es fácil, aunque hay dos palabras que pueden ayudar “Educación positiva”. Conocer las bases de la educación en positivo te va a permitir aplicar la empatía y mejorar la capacidad para conectar con el niño, poner normas y límites positivos que van a facilitar el día a día tanto para tu hijo como para ti. Te recuerdo que puedes aprender conmigo estrategias efectivas para educar en positivo aquí. Recuerda: Gritarle o atosigarle no va a ayudar, transmitirle tu comprensión y tu calma sí. 

5. Pónselo fácil (y a tí también)

Un niño agotado no puede hacer lo mismo que podía hacer una semana antes cuando no estaba  tan cansado. Vuelve a las rutinas esenciales y reduce las tareas no esenciales. Puedes facilitar las cosas al niño, ayudándole a vestirse, volviendo a prestarle un poco de tu ayuda para partir la comida, ayudándole con sus tareas y dándole una dosis extra de mimos y cariños. Pero no te olvides de tí! Los padres también necesitamos reducir el nivel de exigencia durante estas etapas porque sobrellevar el llanto de un niño y hacerle sentir seguro y tranquilo ya es una tarea suficientemente trabajosa como para cargarnos con un nivel de exigencia en otros ámbitos domésticos.

Como puedes ver son muchas las cosas que puedes hacer para ayudar a uno de tus hijos cuando se encuentra en una de esas etapas en las que está “más llorón”. Frustrarnos, desesperarnos o atosigar al niño para que se recomponga no suele ayudar. Utilizar la comprensión, la educación en positivo y adaptar el entorno para facilitar el descanso y la vuelta a la normalidad sí.

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