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8 Claves para ayudar al niño sobre-exigente

A muchos padres les sorprende descubrir que posiblemente su hijo sea demasiado exigente consigo mismo, pero es algo relativamente normal en una sociedad, que premia la excelencia y ofrece modelos de actuación que no tienen mucho que ver con el mundo real. A otros psicólogos les gusta hablar del niño perfeccionista, o del niño hiperexigente, pero yo prefiero utilizar el término “sobre exigente” porque en realidad lo que ocurre es que el niño se exige más de lo que realmente puede para su edad o características personales y ese exceso de exigencia acaba siendo una carga para el o ella. Puedes reconocer a tu hijo sobre exigente en grandes muestras de enfado y decepción cuando no consigue que las cosas salgan de la manera que él las había pensado, pero también en gestos más sutiles como evitar realizar tareas en las que siente que no lo va a hacer bien.

Señales de sobre exigencia

  • No les gusta nada perder
  • Les molesta que los demás hagamos una pequeña broma o nos riamos a su costa
  • Se muestran sensibles a todo tipo de fracasos
  • Evitan tareas que no se les dan bien
  • Evitan probar cosas nuevas (porque no saben con certeza que se les dará bien)
  • Son muy sensibles a las críticas
  • Buscan la aprobación y reconocimiento de otros
  • Son algo más rígidos respecto a los resultados y creen que sólo hay una forma de hacer las cosas
  • Tienden a resaltar los errores en sus hermanos o amigos, demostrando que su manera de hacer las cosas es la correcta

¿Cómo podemos actuar?

La sobre exigencia suele tener que ver con el propio carácter del niño que, simplemente, es más sensible a la crítica y necesita más aprobación, aunque los padres podemos hacer mucho para ayudarles a superar esta actitud sobre exigente y evitar que aparezca.

1. Evita los halagos constantes

A veces la sobre exigencia aparece cuando el niño está demasiado acostumbrado a escuchar las palabras “muy bien”. Si los padres refuerzan al niño con demasiada frecuencia o de una manera inespecífica el cerebro del niño puede entender que la razón por la que vino al mundo (o lo que sus padres esperan de él) es hacer las cosas “muy bien”. En base a esa premisa el niño evita hacer las cosas que no le salen “muy bien” y sufre estrés cuando se enfrenta a tareas nuevas. Esto tiende a ocurrir más en los niños con mayor sensibilidad. Lo mejor para prevenir la sobre exigencia es reforzar con moderación e intentar enfatizar aspectos concretos de lo que ha hecho el niño evitando decir la palabra muy bien.

Ejemplo: Juan y Fátima le dicen a su hijo de un año “muy bien” cada vez que se lava los dientes. En lugar de eso, le pueden exclamar “Ya hemos terminado!!!”,  o simplemente darle un beso cuando termine.

2. Controlar las expectativas

A veces la sobre exigencia es una actitud que inyectamos en vena con nuestras altas expectativas. La perfección simplemente no es humana y mucho menos propia del mundo infantil. Una grapadora puede ser perfecta, pero no resulta muy amable. Enamórate de las imperfecciones de tus hijos y mantén las expectativas a su nivel.

Ejemplo: Daniela está sentada con su papá haciendo una mariquita de plastilina roja. Como es pequeña hace una pequeña pelota roja y se pone tan contenta. Con toda su buena intención el padre le enseña a poner una cabecita negra y unas manchitas negras por todo el cuerpo. En lugar de eso su papá podría hacer otra mariquita (si quiere con sus manchitas negras) y ponerse a jugar con la de Daniela sin hacer ningún comentario sobre las imprefecciones de su mariquita.

3. Pon el énfasis en el proceso, no en el resultado

Los niños sobre exigentes se caracterizan porque se miden en función de sus resultados. Da igual que sea a la hora de hacer un dibujo, realizar un examen o competir en una carrera lo que cuenta para ellos es hacerlo bien o no. Sin embargo, la actitud que realmente les va a permitir progresar, alcanzar sus metas y sentirse bien es disfrutar con aquello que hacen.

Ejemplo: Hugo es un loco del balón. Siempre está detrás de una pelota. Su padre siempre juega con él a meter gol en una pequeña portería aunque Hugo se pone furioso y deja el juego cuando su hermana mayor mete gol y él no. En lugar de jugar a meter gol que enfatiza el resultado, pueden jugar a pasarse la pelota entre ellos o simplemente correr con la pelota entre los pies para que el niño aprecie que el disfrute no solo está en marcar, sino también en divertirse con el balón junto a su familia.

4.Entrenar la tolerancia a la imperfección

El mejor entrenamiento es ser un padre imperfecto. Todo niño tiene derecho a tener unos padres imperfectos, con equivocaciones e incluso que en algunos momentos lleguen a ser ridículos. Algunas de las maneras para entrenar la tolerancia a la imperfección es jugar a juegos de mesa (en los que el

Ejemplo: María es una gran deportista, al igual que su madre. Desde pequeñita cada vez que hacen una carrera, su madre le dejaba ganar para que sintiera el placer de sentirse la mejor. En lugar de eso su madre puede ayudarle a tolerar la imperfección ganando las carreras como es natural y así le estará enseñando que en el mundo real lo normal es encontrar personas que hagan las cosas mejor que ella (aunque sea una gran corredora)

5. Enseñarle a reirse de sí mismo

Reirse de los propios defectos es una de las características de las personas con altos niveles de confianza y una herramienta útil para liberar tensión social. Los niños sobre exigentes suelen tener dificultades para aceptar la risa de otros cuando tiene que ver con sus errores; participar riéndose ellos también suele ser más difícil todavía. Sin embargo, es esencial que lo consigan. No vas a conseguir que tu hijo se ría de sus errores de la noche a la mañana, pero sí puedes ayudar a que lo consiga, si te ríes tú mismo de las imperfecciones, si le ayudas a ver que no os estáis riendo de él o de ella, sino con él o con ella y que es genial y divertido hacer las cosas mal de vez en cuando. Todo empieza porque los padres y los hermanos también se rían de uno mismo. En este sentido tampoco ayuda que dejéis de reiros porque siempre se enfada, sino que al contrario es bueno que busquéis oportunidades para desensibilizarle del sentido del ridículo.

Ejemplo: Cuando Diego se mancha la camiseta mientras come espaguetis y se pone a llorar angustiado. El llanto del niño hace que su madre se preocupe y vaya enseguida a cambiársela y darle una limpia. En lugar de eso su madre puede echar una buena carcajada y cuando Diego se enfade, su madre puede echarse un poco de espaguetis sobre su propia camiseta o, si es de seda natural, ponérselo en la cabeza. Al fin y al cabo ¿Que cuesta poner una lavadora a cambio de ayudar a tu hijo a encontrar su sonrisa y superar el sentido del ridículo?

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6.Controlar nuestra propia actitud personal

Sin lugar a dudas uno de los aspectos que más influye en la sobre exigencia de los niños son las actitudes de los padres con ellos mismos. Si el niño observa un padre que se frustra cuando no consigue lo que quiere el niño entenderá que los pequeños fracasos son tragedias y evitará las situaciones en las que haya posibilidad de fracaso, por pequeño que sea. A veces los padres más sobre exigentes se exigen que sus hijos sean tan perfectos que ni siquiera sean exigentes consigo mismos. Paradójico, ¿no? Pues para el niño esta paradoja resulta más bien un auténtico tormento.

Ejemplo: Manuel lleva a su hijo de 5 años a probar una actividad nueva. Cuando éste se niega a entrar, su padre se agarra un cabreo morrocotudo y le dice que no le va a volver a llevar a ningún sitio. El cerebro del niño saca la conclusión de que cuando uno no consigue lo que quiere es una gran tragedia. En lugar de eso Manuel podría sentarse tranquilamente con el niño, hacerle ver que no sufre por su negativa y ayudarle a entender por qué cree que es bueno para él intentarlo. Incluso puede hacer otro intento la siguiente semana, pero siempre sin echarse las manos a la cabeza.

7. Si quieres rescatar a alguien…rescata a un cachorrito

Con frecuencia los padres de niños sobre-exigentes tienden a rescatarlos de las dificultades. Esto transmite un doble mensaje al niño; el primero es que “Fracasar no es una opción” y el segundo es “Mis padres creen que no soy capaz de asumir el fracaso”. Por eso, antes de rescatar a tu pequeño de una situación bochornosa o difícil piénsalo dos veces. Puede que la mejor opción sea…dejar que tu hijo no sea perfecto..y que los dos lo asumáis cuanto antes.

Ejemplo: Pablo, de 5 años, no lleva bien eso de llevar tarde las tareas del cole. Un Domingo por la tarde después de un fin de semana ajetreado, te das cuenta de que no ha hecho un dibujo que su profesora pidió. En lugar de despertarle temprano para acabarlo antes de ir al cole..simplemente dejas que vaya con los deberes sin hacer. Es bueno que los dos os programéis con tiempo, pero también es bueno que se de cuenta de que una tareas sin hacer no es el fin del mundo.

8. Enséñale a ser persistente

La persistencia es el complemento ideal para la exigencia; no hay nada más frustrante que tener metas altas y no tener la perseverancia que requiere llegar a conseguirlas. La exigencia puede ser un rasgo de carácter que no va a desaparecer en su totalidad; por eso además de ayudarle a reducir sus expectativas y asumir con más deportividad los fracasos, le podemos enseñar a no rendirse ante esos mismos fracasos. No sólo es una estrategia para satisfacer su necesidad de perfección sino también una estrategia inteligente ya que muchos niños sobre-exigentes tienden a abandonar aquello que no dominan.

Ejemplo: Alejandra está aprendiendo a montar en “skate”. Se tropieza un par de veces y decide que no le gusta, que no quiere seguir. En lugar de decirle “Esto no se te da muy bien, no pasa nada”. Le podemos decir, “No pasa nada por caerse, pero vamos a seguir intentándolo”.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”

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