¿Erradicar las pelotas de las escuelas…?

Ayer se publicaba una noticia en El País en el que se hablaba de un colegio en el que no se permiten los balones en el patio. En lugar de canchas deportivas, porterías y canastas los niños encuentran tierra, árboles y bloques de construcciones para jugar. Las redes sociales ardieron durante todo el día.

Para algunos la postura de la escuela, que entre sus argumentos afirma que el fútbol promueve la competitividad y valores poco sociales, es muy desafortunada. Cientos de lectores afirmaban que el fútbol les había proporcionado muy buenos ratos y valores como el esfuerzo, la superación y el compañerismo. Algunos incluso llegaban a comparar esta postura con el movimiento feminista radical que quiere suprimir cualquier instinto de agresividad en los niños. La escuela defiende argumentos de peso como que otro tipo de juegos fomentan en mayor medida la colaboración, comunicación o la lectura, ya que los chicos se divierten con estos otros entretenimientos.

¿Es la postura de erradicar el balón de las escuelas exagerada? Posiblemente. Entiendo la postura de la Escuela que quiere que haya una congruencia en todos los espacios de la escuela (aulas, comedor, recreo) con un modelo pedagógico concreto pero creo que cualquier posición llevada a términos absolutos es, posiblemente exagerada, innecesaria y contraproducente.
 
Prohibir puede ser contraproducente, pero acotar puede ser muy sensato.
La verdad es que en este post quiero compartir una postura intermedia que es la de acotar y limitar en todos los coles los espacios destinados al balón. Este tipo de iniciativas cada vez son más frecuentes en países pedagógicamente avanzados. Son muchas las razones que hacen que esta sea una posutra sensata y sensible a todos los niños.
 
Para que me entendáis quiero dejaros algunas preguntas para reflexionar:
 
¿Acaso no tienen el mismo derecho a jugar en la misma extensión los niños que imaginan sus propios juegos que aquellos que persiguen al balón?
¿Tienen los niños que juegan a la goma derecho a aprender sus secuencias sin que tener que parar el juego cada vez que un balón perdido lo interrumpa?
¿Pueden los niños jugar a las chapas o canicas sin que un balón desmorone su juego?
¿Es más importante jugar al balón que crear un castillo con arena?
¿Son los niños que no juegan al balón alumnos de segunda y los que juegan al balón alumnos de primera?
¿Os imagináis como se siente un niño en silla de ruedas en un patio en el que los balonazos silvan y retumban como balas de cañón en una batalla naval?
 
Para ayudaros a imaginaros una de estas situaciones he insertado el siguiente vídeo en el que podemos ver cómo padecen este fenómeno del “patio futbolín” los niños que tienen alguna discapacidad.

Tengo que confesar que a mí nunca me gustó jugar al balón. Francamente, la pelota no me atrajo nunca. Me importaba un pimiento. Prefería imaginar y me inventaba mil y un juegos con mis amigos. Pero en mi querido colegio el 90% del patio estaba dedicado al balón en todas sus formas y colores. Y el resto se convertía también en campo o portería improvisado para aquellos futboleros que no encontraban “hueco” en las canchas reglamentarias. Salvando algún rincón al lado de los baños o las puertas de acceso…TODO el patio escolar estaba al servicio de la ley del barrenazo. Pero creo que….
 
También hay razones de peso para NO prohibir el balón
 
1. La obesidad infantil en nuestro país se sitúa muy por encima de la media Europea. Superamos incluso a Estados Unidos. La Organización Mundial de la Salud ha fijado un claro objetivo para reducir estos índices y no es otro que reducir el sedentarismo y erradicar el balón de las escuelas no creo que sea una manera de conseguirlo.
 
2. Cada vez que un niño corre, hace ejercicio físico su cerebro segrega una proteína (BDNF) que promueve el desarrollo de neuronas y conexiones neuronales. Los estudios indican que el ejercicio promueve el desarrollo intelectual y la memoria en los niños. Así que no parece sensato privar de ejercicio en el patio a aquellos niños que deseen realizarlo.
 
3. Está bien demostrado que realizar ejercicio reduce los niveles de cortisol (hormona del estrés). Esta es la razón de que nos sintamos relajados y tranquilos después de realizar ejercicio físico y que sea una poderosa estrategia para reducir el estrés y la ansiedad, algo positivo en el desarrollo cerebral del niño.
 
4. Los ICTUS se sitúan como la segunda causa de muerte en nuestro país (para las mujeres la primera). Casualmente realizar ejercicio físico es el factor protector número 1 para prevenirlos. Es además el principal factor protector frente a otras enfermedades asociadas al envejecimiento como el Alzheimer. Así que si además de niños “colaborativos” queremos adultos y ancianos sanos…no parece muy sensato prohibir el balón.
 
Entonces….¿Qué podemos hacer? 
 
Es cierto que la sociedad tiende a sustituir modelos de trabajo competitivos por otros más colaborativos, pero no creo que haya que eliminar el balón porque cumple su función (para el que le guste). Porque correr es tan sano como imaginar. Porque competir es tan positivo como construir. Porque pasar la pelota es tan altruista como compartir. Y porque perder (o ganar) puede ser realmente pedagógico. Y SOBRE TODO, porque si queremos educar en valores como la responsabilidad, la toma de decisiones o la libertad, en lugar de prohibir sería bueno que dejemos a los niños elegir si quieren o no quieren jugar al balón.
 
Por eso mismo creo, SIN DUDA, que la dictadura del balón se tiene que acabar. Que el balón puede ser algo positivo pero no puede condicionar o acorralar a aquellos niños que no les gusta. Que no es positivo ni pedagógico que se destine un 70% del patio a los niños que quieren jugar al balón y sólo un 30% a los niños que prefieren otros juegos. Es lógico que los niños que no quieran jugar al balón deben tener su espacio y sus tiempos. Y por eso, creo sensato que en todos los coles haya un espacio igual de extenso y protegido para que los niños que quieran jugar a otras cosas lo puedan hacer libres de balón, balonazos y barrenón.
 
Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”
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