5 cosas que aprende tu hijo con un buen azote

Buen azote

“Un buen azote es lo que necesita este niño”. ¿Lo has escuchado alguna vez? Seguro que sí, aunque este tipo de frases son para algunos padres un reducto del pasado para otros padres está todavía en vigor. A día de hoy resulta raro ver a un papá o una mamá que le dando un azote en el culete a su hijo por la calle, sin embargo, los azotes o cachetadas siguen siendo la forma de corrección física más común. De hecho son todavía frecuentes en muchos entornos y familias.

Para otras familias los azotes no son una forma válida de educar. Muchas veces escucho a este tipo de padres decir que los azotes no educan pero este es un error muy habitual. Los azotes educan y mucho. Desde mi experiencia como neuropsicólogo te puedo asegurar que cualquier comportamiento que tenemos con un niño deja una huella en su cerebro. Un beso deja una huella, un abrazo deja una huella y un azote también. La realidad es que todo lo que hacemos o dejamos de hacer educa a nuestros hijos y el azote no es una excepción.

El azote se suele utilizar para corregir malos comportamientos. Por ejemplo, muchos padres dan un azote a sus hijos cuando intentan cruzar la calle alocadamente. Intentan enseñarles con el azote que eso que acaban de hacer es peligroso. Otro motivo frecuente que suele conllevar un azote es desobedecer una orden directa que se ha repetido varias veces y también es frecuente azotar a un niño que ha pegado a su hermano pequeño u otro niño del parque.

Las 5 cosas que aprenden los niños con un buen azote

1. Aprenden a mentir

Puede sorprenderte pero es así. Cuando un padre le da un azote a uno de sus hijos le está enseñando a mentir. Es algo que a los padres nos enfada mucho y que queremos evitar a toda costa, pero que en este caso es una reacción natural de protección del niño. Si equivocarme me va a suponer un azote, entonces es mejor ocultar mis fallos y equivocaciones a toda costa. La verdad es que resulta bastante triste pensar que nuestras propias acciones lleven a nuestros hijos a adoptar la mentira como forma de relación, pero es lo que conseguimos cuando el azote es la consecuencia a no “obedecer”.

Los niños cuyos padres les dan azotes aprenden a mentir para evitar el riesgo de que les peguen

2. Aprenden a agredir a otros niños

Los estudios demuestran que los niños que experimentan en sus hogares castigos físicos (un azote o cualquier otro tipo de agresión) agreden a otros niños con más frecuencia que los niños a los que se les educa sin castigos físicos. Esto no quiere decir que un niño que muerda o pegue en la escuela infantil sea un niño al que le pegan en casa. Pegar o morder son formas normales de expresión en los niños sobre todo cuando todavía no se expresan adecuadamente. Pero sí quiere decir que los niños a los que se les azota tienen más probabilidades de utilizar agresiones para resolver conflictos tanto en la escuela como en casa con sus hermanos. Es sólo una de las muchas muestras de falta de control emocional que encuentran los estudios científicos que analizan el efecto de los castigos físicos en los niños.

azote

3. Aprenden que su casa no es un entorno seguro

Una de las cosas más importantes en el desarrollo emocional de los niños es sentirse seguros en su propio hogar. Los azotes, las bofetadas y todas las agresiones (tanto físicas como verbales) activan estructuras cerebrales que hacen que el niño dedique su atención a evitar esas agresiones y no permite que dedique atención plena a juegos importantes para su desarrollo o a estrechar la relación con sus padres. No quiero decir que un azote, una vez vaya a crear un trauma pero todas las muestras de agresión contribuyen a que el niño sienta que su hogar es menos seguro. Es importante también saber que esos azotes “puntuales” suelen ocurrir en contextos de pérdida del control o de los nervios y esto hace que el niño perciba su entorno como poco seguro o incontrolable. En este sentido podría decirse que esa falta de control de los padres es percibida por el cerebro como una fuente de máxima inseguridad. Es por eso que ser capaces como padres de controlar nuestros enfados es esencial para brindar a nuestros hijos un sentimiento de seguridad.

 

Las pérdidas de control de los padres hacen que el niño experimente una sensación de incertidumbre y máxima inseguridad

 

4. Aprenden que hay que castigar al que se equivoca

Portarse “mal” es la perspectiva que tienen los padres sobre el comportamiento de los niños. Sin embargo cuando nos ponemos en la perspectiva del niño la cosa cambia. Desde su perspectiva los niños no se portan “mal” sino que simplemente siguen sus instintos. A veces incumplen una norma por puro despiste o por no recordar la norma. A veces porque deciden seguir su propio camino; para reafirmarse. Y otras veces porque su cerebro que todavía no sabe integrar instintos y normas toma una mala decisión. En cualquier caso siempre que un niño se equivoca lo que los padres podemos hacer es ayudarle a entender por qué no fue una buena decisión y ayudarle a reflexionar cómo lo podría haber hecho distinto la próxima vez. Es por eso que sustituir el azote por otras herramientas mucho más pedagógicas y positivas para los niños es algo importante en su educación. No solo aprenden más sino que aprenden que confías en ellos y eso les da un grado extra de responsabilidad y confianza.

5. Aprenden que tenemos derecho a utilizar la violencia para controlar a los demás

El cerebro aprende por asociación. Si cada noche les das un beso antes de dormir, aprenden a cuidar a las personas que quieren. Si les abrigas cuando salen a la calle aprenden que cuidar de la salud es importante. De la misma forma, si les das un azote cuando no hacen lo que tu quieres ellos aprenden que utilizar la violencia para controlar a los demás es algo normal. La verdad es que las agresiones físicas siempre son una muestra de la incapacidad y frustración de los padres por no ser capaces de dirigir el comportamiento de los hijos como nos gustaría. Afortunadamente hay muchas estrategias y formas de educar que todos los padres pueden aprender y que hacen que estas formas de agresión no sean necesarias.

Como ves el azote enseña muchas cosas a los niños, pero posiblemente ninguna de ellas sean cosas que a ti te gustaría que aprendieran. Si en tu casa todavía se dan azotes, recuerda que aunque puedan parecer inofensivos son una forma de corrección física y resultan totalmente ineficaces y muy negativos para el desarrollo emocional del niño. Todos los padres pueden aprender estrategias positivas para educar a sus hijos. No sólo ayudan a que los niños crezcan libres de traumas, y con una autoestima positiva, sino que además resultan mucho más efectivos para enseñar a los niños cosas positivas.

 

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