8 Estrategias sencillas para apoyar el desarrollo de un apego seguro de 0 a 2 años de edad

Todos los niños nacen con un instinto irrefrenable de apegarse a un adulto. Cuando hablamos de apego hablamos de ese instinto y también del estilo en el que cada niño establece relaciones con los demás. Un estilo de apego seguro contribuye al bienestar emocional del niño, pero también contribuye a un mejor lenguaje, una mejor capacidad de aprendizaje y una mayor capacidad para sentirse seguro y adaptarse desde el punto de vista social.

Sería maravilloso poder decir que todos los niños desarrollarán un apego seguro si sus padres siguen una serie de estrategias, pero en realidad sabemos que el viene determinado en gran parte por la genética. Aproximadamente un 60% de los niños lo desarrollan y un 40% desarrollan otro tipo (ansioso, evitativo o desorganizado). Según lo que sabemos la influencia que tenemos los padres sobre el estilo de apego de nuestros hijos es pequeño y grande a la vez.

Grande porque si el niño sufre desatención afectiva o sus necesidades no son cubiertas tiene muchas probabilidades de desarrollar un estilo de apego no seguro. Pequeño porque si hacemos las cosas razonablemente bien sólo tenemos una pequeña influencia sobre el estilo de apego que tendrán nuestros hijos. En otras palabras, hacer las cosas rematadamente mal es un garante de un apego pobre en el niño, aunque hacerlo todo bien no significa que el niño vaya a desarrollar un apego seguro.

Responde a sus necesidades primarias

Hoy en día, todos los expertos están de acuerdo en que las mayores probabilidades de que un niño desarrolle un apego seguro pasa porque sus padres atiendan sus necesidades durante los primeros años de vida. Esto quiere decir que le facilitemos el alimento, el sueño y otras necesidades primarias como la de protección.

William y Matha Sears, los padres de la crianza con apego, desarrollaron una guía que ayuda a los padres a estar disponibles y ser sensibles a las necesidades del niño. Distintos estudios han demostrado que algunos puntos son positivos para el desarrollo de un apego seguro. Por ejemplo, los niños que son porteados tienen una ligera tendencia a desarrollar un apego seguro con más probabilidad que los niños que no son portados. 

Sin embargo, la ciencia también ha demostrado que esos puntos no son imprescindibles. Hay tantos niños con apego seguro entre aquellos que son criados siguiendo todas estas prácticas como entre aquellos que no. Y esto es así por una sencilla razón. Los padres que no colechan, los que no portean o los que dan biberón, también pueden transmitir a su bebé lo que más necesita y lo que en última instancia favorece la aparición de un apego seguro; todo su amor y toda su atención. Sin embargo, insisto, que los estudios son claros en cuanto a la filosofía general de la crianza con apego; responder sensiblemente a las necesidades del niño, parece tener un efecto muy positivo sobre el desarrollo de un apego seguro.

Atiende a tu bebé

Ayudar al niño a desarrollar un apego seguro se trata de darle seguridad y certezas sobre tí y sobre él o ella. Cuando tomas en brazos al niño que está asustado o que llora le estás ayudando a su cerebro a entender una cosa muy importante; que puede contar contigo, que no está solo ante las dificultades y que sus necesidades emocionales serán satisfechas.

Ayúdalo a calmarse

¿Alguna vez te has visto emocionalmente superado? A veces parece como si ese mal rato, como si la angustia fuera a poder con nosotros. Los bebés no saben dominar sus emociones y en momentos se pueden sentir descontenidos, desbordados. Una necesidad emocional básica del bebé es saber que cuando no pueda calmarse solo, habrá alguien a su lado ayudándole a reencontrar la calma.

Ofrécele abundante contacto físico y afecto

Parte de sentirse seguro en la vida adulta consiste en saber que, aunque las personas de referencia no están ahí, nos quieren a pesar de todo, y que somos importantes para ellas. El contacto físico, los masajes, los juegos y las bromas ayudan al bebé y al niño pequeño a saber que ella o él es importante y que merece ser querido por los demás. También es fundamental el contacto visual. Cuando lo sostengas en brazos, cuando hables con él o ella, cuando interacciones de cualquier manera, míralo a los ojos con ternura. El contacto visual en las distancias cortas le ayudará a sentir que pones toda tu atención en él o ella y a sentirse entendido.

Muéstrate tranquilo cuando atiendas sus necesidades

El apego seguro se basa en la confianza. De poco sirve acudir a atender al bebé que se tropezó o que se despertó con hambre y atenderlo prontamente si le transmitimos con nuestro lenguaje no verbal con nerviosismo. Si de lo que hablamos es de transmitir confianza, el niño puede acabar no sintiéndose muy seguro en esas circunstancias. Es importante que además de atender a nuestro bebé nuestra actitud demuestre aquello de todo está bajo control. Eso le ayudará a estar tranquilo mientras aparece o encuentra la solución a su desasosiego.

Dale tiempo y espacio para que se sienta explorador

Una muestra de que un niño desarrolla un apego seguro es que se atreve a explorar por sí solo. A veces, los niños tienen ese instinto de seguridad pero los padres lo ahogamos con nuestras inseguridades. Es muy importante que dejemos a nuestros hijos explorar sin movernos del sitio, poniendo un ojo en su seguridad y estando disponibles para cuando terminen de hacer el primer reconocimiento, pero interfiriendo lo menos posible para que ellos puedan sentir que confiamos en ellos y en su instinto de exploración.

Sé responsable con tus ausencias

Si te has tenido que marchar y dejar al bebé un momento con el padre o con la abuela (algo que, como se suele decir ocurre en las mejores familias) muéstrate sensible a su miedo a tu ausencia. Salúdalo con un cariño especial, haz que el niño sepa que tú también notaste esa breve separación y haz de alguna manera que note que tú sabes que pasó un mal trago. Que el niño sufra esa angustia de separación no es algo irreparable, aunque para ello el niño debe sentir reconocida que la angustia y el mal rato existieron. La mejor forma de lograrlo es saludarlo cogiéndolo en brazos y decir algo sencillo y sentido como ¿me has echado de menos? Yo a ti también…. ¡Qué ganas tenía de verte!

Como ves, ayudar a tu hijo tiene que ver con los gestos sencillos que haces en el día a día. Quiero insistir en que seguir estas claves no garantiza que el bebé desarrolle un apego seguro (nada lo consigue) aunque sí redunda en mayores posibilidades de que se desarrolle de la mejor manera posible. ¡Espero que alguna de ellas os ayude a toda la familia!

Por Álvaro Bilbao. Autor de El cerebro del niño explicado a los padres.

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