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6 maneras muy eficaces de hipotecar el mundo emocional de tus hijos

Sabemos que el cerebro, sobre todo durante los primeros años, es un órgano muy sensible a todos los estímulos afectivos que vienen de los padres hasta el punto que, en gran medida, condicionamos su desarrollo.

Tanto es así, que la mayoría de trastornos emocionales que sufren los adultos se siembran en su más tierna infancia. Las consultas de psicología están llenas de personas jóvenes y adultos que de una manera más o menos sutil sufrieron de pequeños una educación con carencias emocionales.

En este post he querido reflejar 6 estilos de educar muy característicos que suelen marcar el desarrollo emocional de los niños. Puede que algunos padres estén tropezando en alguna de estas piedras sin darse cuenta de cómo afecta a sus hijos y por eso escribo este post…porque a todos nos viene bien recordar nuestros errores para no tropezar con ellos.

1. Se frío como el hielo

Al igual que un pan, una pizza o un pastel necesitan calor para crecer, la calidez, el afecto humano es imprescindible en el desarrollo cerebral del niño.

Posiblemente las mayores secuelas emocionales se producen en niño cuyos padres no establecen una relación afectiva positiva. Los niños que crecen sin afecto, sin calidez suelen mostrar un síndrome muy común en las consultas de psicología: por más logros que alcancen en su vida tienen baja autoestima.

Si quieres conseguirlo….no lo beses, ni lo achuches, ni lo tomes en brazos y por supuesto no atiendas sus llamadas y llantos ni le ofrezcas amparo y protección cuando lo necesite. 

Si quieres evitarlo…tómalo en brazos, dale besos, achúchalo y hazle saber cada día que te alegras con sus logros que lo quieres con locura y que es lo mejor que te ha pasado.

2. Se omnipotente

Los niños necesitan normas y límites, sí. Sin lugar a dudas. Pero también necesitan ser capaces de romperlos, de salirse con la suya, de sentirse fuertes en ciertos momentos y de sentirse capaces de retar a los padres, aunque luego estos tengamos que redirigirles con suavidad y calma (o también dejarles ganar de vez en cuando). El dominio de la fuerza psicológica se aprende en gran parte en la relación con la autoridad (que se representa con los padres). 

Si quieres que tus hijos no sepan tomar decisiones, que se sientan indefensos ante los demás e inseguros a cada paso que dan….se siempre más fuerte que ellos, establece normas rígidas y límites inquebrantables, déjales saber quién manda en cada momento y no cedas ni un milímetro demostrando que eres omnipotente.

Si quieres que tengan confianza en ellos mismos deja que tomen sus propias decisiones, que se equivoquen y no te entrometas en más de lo necesario.

3. No tengas carácter

Puede que hayas leído en los libros que los bebés necesitan todo tu tiempo, todo tu amor y satisfacer todas sus necesidades. Eso es cierto, pero se circunscribe al tiempo en el que el bebé es totalmente dependiente. A medida que se hace mayor los niños necesitan también escuchar “NO” de vez en cuando.  

Es la principal manera de entender dónde están los límites y también una de las principales formas de aprender a desarrollar la asertividad. Si quieres que tu hijo tenga un modelo de padre que se deja pisar, déjate dominar por tus hijos. No les pongas nunca límites ni normas.

Diles a todo que sí. Deja que dicten lo que tienes que hacer en cada momento, sacrifica todos tus planes por todas sus fiestas de cumpleaños, déjales cenar viendo la tele todos los días, que ocupen el salón y se hagan con el mando del televisor, pídeles permiso para planificar un fin de semana con tus amigos y dales todos los caprichos que te pidan.

Así conseguirás una de dos cosas:

a) Que se crean el ombligo del mundo y no valoren los deseos y necesidades de los demás.

b) Que cuando estén en un entorno distinto al del hogar en el que las normas y los límites sí se hagan valer no sepan defenderse de los ataques y abusos de los demás porque nunca les enseñaste.

Si quieres conseguir todo lo contrario….símplemente di NO cuando creas que es mejor para su educación y desarrollo que sí.

4. Se rígido como el acero

No cambies nunca de opinión. Ten siempre la razón. No des tu brazo a torcer. Muéstrate rígido como el acero. Si pones un castigo, no lo levantes. Si tienes un plan establecido nunca lo cambies por los deseos de tus hijos, de tu pareja o del propio cansancio. Si te pasaste, no pidas perdón. Si te equivocaste, no reconozcas el error.

Así conseguirás que tus hijos crezcan en un mundo donde los errores no son admisibles, donde la equivocación simplemente no existe y donde ser, saber y tener más que los demás parece la única opción.

Por contra si te muestras flexible, reconoces que no lo sabes todo, que te equivocas y sabes pedir perdón, entenderán que los seres humanos somos imperfectos y sabrán que pueden equivocarse, porque errar….es humano.

5. Se un ejemplo de dominación

El dominio no solo se expresa con los hijos. Puedes dominarlos a ellos, exigirles y amedrentarlos o dominar a tu pareja. No dejes que exprese su opinión o que sea partícipe en las decisiones que conciernen a la educación y cuidado de los hijos.

Muéstrate siempre más fuerte que ella o que él. Avasalla en la compra, en el supermercado, con los amigos, con la persona que se equivoca en un establecimiento y, por supuesto avasalla a tus hijos si tienes la oportunidad. Tu les quieres, pero siempre demostrando que dominas a todo aquel que se cruza en tu vida.

Así conseguirás que tus hijos maduren creyendo que viven en un clima hostil, que las amenazas se encuentran en cada esquina y que desarrollen uno de estos dos rasgos…

a) Que busquen dominar a todos por una identificación con su padre o madre en una especie de cruzada vital contra los incompetentes, los tardones, los imperfectos.

b) Que sean sumisos porque nunca fueron capaces de enfrentarse a su padre dominante o porque se identifiquen con el otro padre (el sumiso).

Para estos segundos el desasosiego emocional es mucho mayor porque viven como conejos pero en un mundo que les hemos presentado plagado de lobos, zorros y todo tipo de alimañas.

Si por el contrario quieres que crezcan fuera de ese juego demuéstrales que los gustos, las opiniones, las decisiones y los intereses de los demás son tan respetables como el propio, escucha a los demás desde el respeto y la curiosidad, ayuda a los demás desde el amor, educa a tus hijos en positivo (ofreciendo normas, limites y directrices con amabilidad y respeto).

6. Se impredecible

Si algo puede provocar desconcierto, miedo e inseguridad es un padre impredecible. Recíbele del cole con cariño y al día siguiente con desdén. Haz que una leche desramada suponga un “no pasa nada” un día y al siguiente un grito que haga tambalear las paredes de la cocina.

Refuerza a un hermano y castiga al otro casi por lo mismo. Abrázalo por la mañana y dale un azote por la tarde, se cariñoso cuando estés descansado y despiadado cuando estés cansado. Si eres constante y practicas a diario este caos emocional conseguirás que el niño se muestre hipervigilante, hipersensible a las señales de amenaza. Una inseguridad que le acompañará toda su vida adulta.

Si quieres que crezca tranquilo, dale certezas. No hace falta ser autómatas, todos los padres podemos enfadarnos y perder la paciencia, pero el niño necesita ciertas certezas sobre dónde está el límite, cómo vas a actuar y cuales son las líneas que nunca vas a rebasar. Educar en positivo ayuda a aumentar estas certezas porque los padres tienen una guía clara acerca de como apoyar y corregir a sus hijos cuando lo necesitan.

Como puedes ver cualquier actitud llevada a un extremo puede descompensar o romper el mundo emocional del niño, por eso, posiblemente una de las mayores suertes que puede tener un niño es disfrutar de unos padres normales. Unos padres emocionalmente sanos, que sepan quererlo sin sobreprotegerlo.

Que sepan ser fuertes y decir no cuando hace falta y demostrar compasión y flexibilidad cuando la situación lo requiera. Que dejen al niño confiar en sí mismo y le enseñen unas pocas normas y límites que le den al niño seguridad y capacidad de ponerse en el lugar del otro en ciertos momentos.

Por Álvaro Bilbao. Autor de El cerebro del niño explicado a los padres.

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