¿Estresada? ¿Estresado? Llama a tu madre…

Madre

Cuidar a nuestros hijos es un trabajo duro. Puede ser agotador, frustrante o estresante. De eso no hay duda. A la carga de trabajo extra que supone cuidar a otro ser humano, se le suma que los  descansos en el sofá… el ratito después del trabajo para relajarse, el levantarse sin prisas, el desayuno silencioso de los domingos o la media hora de tele para desconectar pueden brillar por su ausencia. Y a todo ello hay veces que se le suma una relación con los abuelos que no siempre es fácil.

Muchos padres tenemos una relación ambivalente con los abuelos en general y con las abuelas en particular. A veces nos parece que opinan demasiado. Otras veces parece que nos ayudan demasiado poco. En ocasiones nos pueden poner de los nervios porque se preocupan por todo y nos transmiten su inseguridad. Otras, porque parecen saberlo todo y no nos dejan libertad. Sin embargo, hay una cosa que nadie podrá arrebatar a las abuelas y es la siguiente.

La voz de la madre tiene un efecto calmante

Si alguna vez te sientes angustiado o angustiada. Si el cuidado de tus hijos te desborda. Si te encuentras frustrada o sin herramientas para resolver los problemas hay algo que puede ayudarte. Escuchar la voz de tu madre.

De acuerdo con distintos estudios, escuchar la voz de tu madre tiene un efecto calmante en nuestro cerebro.El sonido de la voz materna provoca que el cerebro segregue oxitocina, la hormona que nos permite soportar los dolores del parto, que nos hace sentirnos más unidos y que en definitiva no es otra cosa que un antídoto natural contra el estrés y el sufrimiento. Según parece desde que estamos en el vientre materno nuestro cerebro comienza a asociar su voz con emociones positivas como calma y seguridad.

Llama a tu madre

Y esta asociación entre la voz materna y el sentimiento de calma se sigue reforzando durante toda la vida. Cada vez que una madre acuna al niño, cada vez que le da de comer, o cuando es un poco mayor le abraza a la salida de la escuela el niño asocia la voz de la madre con ese sentimiento de seguridad. Acuérdate de las veces que tu madre te curó una herida, las que te digo, “no pasa nada”, las mañanas de sábado que te colaste en su cama y te abrazó y te hizo sentir totalmente seguro, segura o querida. Todas esas experiencias se codifican en el cerebro y permite que el niño o la niña asocie para el resto de su vida la voz de la madre con esa misma sensación de calma y seguridad.

No siempre se puede

Soy consciente de que no siempre se puede. Se que muchos de los que me leéis estaréis lamentando haber perdido a vuestra madre años atrás, quizás incluso en vuestra infancia. Desafortunadamente no hay consuelo para la pérdida de una madre. Nada ni nadie puede sustituir esas experiencias intrauterinas ni los primeros abrazos de nuestra vida. Sin embargo, también sabemos que el afecto de los padres produce una sensación similar (sobre todo si el padre ha sido capaz de conectar emocionalmente con sus hijos e hijas, estando presente, dando muestras de afecto y siendo capaz de corregir a sus hijos de una manera firme y afectuosa a la vez). También sabemos que conversar con una amiga puede tener un efecto muy positivo sobre los niveles de estrés, ayudando a relajar los músculos de la cara y reducir la presión arterial y ritmo cardiaco.

Otra de las cosas que ayuda a los padres que no pueden contar con el apoyo de sus propios padres es centrarse en dar todo ese afecto que echan de menos en la educación de sus propios hijos. Ofrecer a tus hijos todo tu afecto, atenderlos y cuidarlos con todo tu cariño y establecer una conexión positiva con ellos incluso cuando aparecen situaciones difíciles y conflictos es algo que ayuda a conectar con nuestras propias necesidades. No solo eso, también nos ayuda a sentir que nuestros hijos crecerán con ese afecto que nosotros hemos echado de menos en nuestras vidas.

Si puedes, no lo dudes

Si eres de los afortunados o afortunadas que tiene todavía a su madre presente y que mantienes una buena relación con ella recuerda este post la próxima vez que te sientas frustrado o agobiada. Vete a visitarla o símplemente levanta el teléfono y llámala. Los estudios demuestran que el simple hecho de escuchar la voz de tu madre tendrá un efecto similar al de un abrazo.  Y por eso, aunque ya no viváis juntas, aunque no le veas muy a menudo o aunque a veces te de un poco la lata…. su voz siempre recordará a tu cerebro esa sensación de calma y seguridad cuando eras niña. 

Así que ya lo sabes….la próxima vez que te encuentres mal… Llama a tu madre y el sonido de su voz te calmará como siempre lo ha hecho.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”

 

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