Para todos los que son “muy sinceros” (…y para los que no lo son también)

En los últimos años se ha extendido la costumbre de utilizar la coletilla…”Yo es que soy muy sincero”. Se utiliza generalmente para expresar nuestro desacuerdo y más concretamente para expresar nuestro desacuerdo con la forma de ser o de actuar de la persona que tenemos enfrente. Pocas veces escuchamos “Te voy a ser muy sincero, estoy enamorado de ti” o “Yo es que soy muy sincero, así que te voy a decir que me encanta cómo te sienta ese abrigo”. Se utiliza más bien en otras situaciones en las que, de alguna manera, queremos soltar un sentimiento negativo hacia la forma de ser, vestir o actuar de la otra persona como por ejemplo: “Te voy a ser muy sincero, eso que dices me parece una bobada”, “Ese abrigo te hace muy gordo, perdona, que es que soy muy sincero” o “Mira, te voy a ser muy sincera; tu hijo es muy ñoño”.

La sinceridad es una cualidad positiva, pero llevada al extremo y practicada sin la necesaria delicadeza puede dañar la autoestima del que tenemos enfrente

Hay personas que utilizan la expresión para expresar sus propias emociones o buscar un consenso ante un conflicto. Sin embargo, en muchos otros casos esta expresión conserva una sintaxis correcta pero esconde una gramática emocional totalmente desafortunada. De alguna manera se ha llegado a un consenso social por el que decir “soy muy sincero” o “Perdona, es que yo soy muy sincero” se convierte en una licencia para criticar, golpear o incluso descuartizar (emocionalmente hablando) a la persona que tenemos enfrente. La sinceridad es una cualidad positiva, pero como todo, llevada al extremo y practicada sin la necesaria delicadeza puede dañar la autoestima del que tenemos enfrente.  Si eres de las personas que espetan “Yo soy muy sincero” a la primera de cambio, sin delicadeza, sin pensar en las consecuencias que tus palabras tienen para el otro….voy a ser muy sincero, en esta ocasión, yo contigo:

Si en lo que dices está más tu necesidad de ser sincero, que tu deseo de ayudar, ahórratelo. 

Si antes de expresarte sin pelos en la lengua, no te has tomado el tiempo, de entender en profundidad a la persona que tienes enfrente, de comprender cuál es su naturaleza o por qué hace eso que tu no entiendes o quieres corregir, ahórratelo. 

Si no eres capaz de decir lo que piensas con la delicadeza necesaria para ayudar al otro sin dañar su autoestima, ahórratelo. 

Si en tu sinceridad puedes herir a la otra persona sin aportarle ningún beneficio, ahórratelo. 

Si no vas a tener el tiempo, la dedicación o la humanidad suficiente para permanecer al lado de la persona que recibe el impacto de tu sinceridad, para acompañarlo en su dolor, para que se sienta comprendido o para tenderle tu mano y ayudarle a evolucionar, ahórratelo.

El exceso de sinceridad puede reflejar problemas de autoestima

Ser demasiado sincero puede ser reflejo de muchos problemas como falta de autoestima, soberbia, falta de empatía o una pobre educación emocional. Si eres una persona que ha recibido un “Yo es que soy muy sincero” en las últimas semanas recuerda este artículo. No te dejes apabullar por la mala educación camuflada en buenas palabras. Recuerda que es falso eso de “quien bien te quiere te hará sufrir”. Las personas que te quieren de verdad o que buscan tu bienestar buscarán la manera de ayudarte sin hacerte daño o mermar tu bienestar.

A todos los padres les digo que educen a sus hijos para que sean adultos capaces de hacer dos cosas. (1) Conseguir sus metas, sin herir a los demás. (2) Ser capaces de defenderse de los ataques de otros.  Si eres madre, padre, maestro o educador; enseñar a los niños que la sinceridad es una cualidad positiva es un acierto, pero también lo es enseñarles que la sinceridad puede ser usada de tal forma que se transforme en un signo inequívoco de mala educación. A todos nos vendría bien tener aprendida esta lección cuando salimos de casa.

Se sincero cuando te lo pidan, cuando tengas el tiempo y la disposición para ayudar o cuando tengas la capacidad para acompañar al otro en su dolor. Si no es así, con sincerdidad, ahórratelo.

Por Álvaro Bilbao – Neuropsicólogo. Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres

 

6 comentarios de “Para todos los que son “muy sinceros” (…y para los que no lo son también)

  1. Avatar
    María Jesús dice:

    Gracias Álvaro, una y mil veces Gracias!
    Por desgracia he sufrido esa sinceridad por parte de alguien muy cercano que también ha herido a personas de mi entorno que no lo merecían, o quizás sí… Pero con humildad, quién soy yo para restregar y humillar a nadie con “piropos” innecesarios que no vienen a cuento.
    Por eso te agradezco éste artículo, y te seré sincera, gracias!

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    Lula dice:

    Siceramente gracias!!! artículos como los que escribes nos permiten entender, comprender y caer en detalles que muchas veces pasan “desapercibidos”, este artículo me recuerda mucho cuando la gente dice ” es que yo tengo mucho carácter” (cuándo lo que tienen es mucha mala educación) No somos nadie para destruir la autoestima de ningúna persona, nos falta un poquito mas de humanidad!!!

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    Joaquín dice:

    Yo siempre me acuerdo de una frase del El último de la fila: “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo vayas a decir”

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    Monica dice:

    Totalmente cierto!!! Olé! !!
    Mucha gente tendría que leer este artículo y darse cuenta del daño que hacen, aunque a lo mejor no les importa… es gente tóxica
    Muy buen artículo

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    Nuria dice:

    Me encanta!!! Me entran muchas ganas de compartirlo con algunos de mis contactos, pero ” siendo sincera” efectivamente pienso que no les va a aportar algo positivo porque la gente que se escuda en su sinceridad suelen tener un punto de mira bastante corto y puede que no lo comprendan , asi que me lo “ahorro. Por supuesto, me lo voy a aplicar a misma tb…..quien este libre de pecado que tire la primera piedra. Saludo

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    Núria dice:

    A mi tb me irrita mucho la gente que dice: te voy a dar un consejo… Creo que tienen tanta soberbia y les falta empatía y abertura de mente…
    Gracias por tu post, Álvaro.

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