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¿Dónde estás, cariño?

En muchos casos, como en el nuestro, cuando uno decide formar una familia, lo hace en las mejores condiciones posibles. Con la persona que más ha querido en su vida, enamorados y con toda la ilusión de formar una familia.  Toda ese amor se plasma en un pequeño embrión que nos llena de planes, alegría e ilusión.  Y nosotros, como muchos padres, vivimos ese embarazo embobados, algo conscientes del cambio que va a suponer en nuestras vidas…pero no del cambio que va a suponer en nuestra relación de pareja.

Y entonces nace primero…

Y cuando nace sabes que es el día más feliz de tu vida. Y no puedes sino mirar con admiración a tu mujer por haber llevado ese bebé en el vientre y haberlo traído al mundo. Y te encanta verla con el bebé y a ella le encanta verte a tí también. Y en tu mente sabes que este principio es precioso pero algo duro…aunque tu mente no es capaz de ver más allá de ese principio…

“¿Dónde estás, cariño?” “Aquí dando el pecho…” “¿Dónde estás, cariño?” “Pues es me he quedado dormida con el pequeñajo”. La verdad es que esos primeros meses, días son más o menos fáciles de llevar. Sólo es uno. Es manejable. Duerme mucho y todavía hay muchos ratos en los que tenemos tiempo para los dos. Para mirarnos a los ojos y sentir esa conexión tan grande entre los dos. Para cargar pilas y sentir esa energía que hizo que todo esto empezara.

Y nace el segundo…

Con el segundo el tiempo en común prácticamente desaparece. Apenas hay tiempo para dormir, y apenas hay energías para tener los ojos abiertos con lo que resulta difícil sacar tiempo para mirarnos a los ojos.

“¿Dónde estás, cariño?” “Aquí dando el pecho….”

“¿Dónde estás, cariño?” “He aprovechado que os habéis quedado dormidos después de dar el pecho para ir con el mayor al parque….”

“¿Dónde estás, cariño?” “Es que me tocaba ya volver a trabajar”

“Dónde estás, cariño?” “Pues aquí, viendo una peli porque pensaba que te ibas a quedar dormida otra vez”

Y luego el tercero…

Con el tercero puede ser el acabose. Si alguna persona en algún momento se atrevía a quedarse en casa con dos para darte un respiro con tres no se atreve ni supernany. De vez en cuando aparece alguien con un “tupper” de comida. Los abuelos ayudan, pero muchas veces a su manera…no como necesitamos. Los cuñados pasan por casa, desordenan un poco y te miran con cara de lástima, pero no está mal porque por lo menos has visto gente….y has pasado un buen rato…

“¿Dónde estás, cariño?” “Pues …¿dónde voy a estar? …Dando el pecho. Y tú…¿donde estabas?” “Pues es que hemos llegado tarde porque después de buscarles hemos ido a comprar fruta porque no había”.

“¿Dónde estás, cariño?” “Pues aquí, en el parque. He salido con los tres para que se desfogaran un poco….y tú….¿De dónde vienes?” “Pues vengo de vender la moto….la pequeña empieza la guardería la semana que viene y las cuentas no cuadran lo miremos como lo miremos. Da un poco igual…ya nunca tenía tiempo para andar en moto”

Y la vida sigue y sigue….

“¿Dónde estás, cariño?” “Les acabo de recoger…pero hoy teníamos un cumple, así que vente para aquí y te llevas a la pequeña al pediatra que la noto con fiebre…”.

“¿Dónde estás, cariño?” “Me he quedado dormida…¿te importa que veamos la peli otro día?”

“¿Dónde estás, cariño?” “Estoy acabando de preparar unas clases de la Universidad”

“¿Dónde estás cariño?” “En la cocina, con mi madre que ha venido a ayudar”

“¿Dónde estás cariño?” “La reunión ha acabado tarde…¿Les puedes recoger hoy tú?”

“¿Dónde estás, cariño?” “Hoy tengo que ir a dar una conferencia…así que llegaré más tarde”

“¿Dónde estás, cariño?” “Estoy con los deberes….vete bañando a las niñas”

“¿Dónde estás, cariño? “Yo trabajando más porque cada vez tenemos más gastos” “Yo breando con los niños, porque si tu no estás…me tengo que encargar de todo…”

“¿Donde estás, cariño”? “Pues por fin aquí, espera….alguien se acerca…”——-“Mamá….tengo miedo….te tumbas conmigo???”

“¿Y dónde estamos nosotros?”

“Pues no te preocupes que el sábado de dentro de dos semanas creo que he conseguido una canguro para que podamos salir un ratito…Esta semana no podíamos nosotros porque teníamos un cumple. El sábado que viene tampoco, la canguro ya tenía otro compromiso…Así que dentro de dos semanas…si ninguno se pone malo…tendremos nuestro ratito”

“Ah..pues ahí estamos nosotros….en el…dentro de unos días si ninguno se pone malo…y si tenemos fuerzas…”

No es que lo viva en mis carnes….que lo vivo. No es que lo diga yo….que lo digo. Es que es una realidad, es muy difícil llevar una relación de pareja plena con un niño y con dos o tres el doble o el triple. Es difícil sentir que tienes mucha gente alrededor pero que la persona con la que más quieres estar es la que a veces está más lejos. Así que sí. Es difícil. Los niños, aunque suponen la mayor alegría para una pareja, pueden poner a prueba nuestro amor.  Y son muchas las parejas cuyo amor era tan fuerte que se decidieron a tener hijos y se separaron una vez los tuvieron. Tengo que confesar que no me extraña. Me considero una persona capaz de amar de manera generosa y mi mujer mucho más…pero hay momentos en los que has dado tanto, en los que el esfuerzo es tan grande que lo que más necesitas es encontrarte con la otra persona. Y cuando te giras ves que la otra persona tiene los oídos, la mirada y los brazos ocupados…. Y entonces te vuelves a preguntar….¿Dónde estás, cariño?

Y en distintos momentos….o a veces incluso en el mismo momento….Los dos os sentís igual….

Yo lo echo de menos y sé que mi mujer también. Echo de menos pasar más tiempo con ella, echo de menos que sus ratos sin niños no sean para mi, y ella echa de menos que mis ratos sin niños suelan ser para trabajar. Echamos de menos no dedicarnos los ratos del día en los que no estamos cansados y no poder hablarnos sin que haya un pequeñajo agarrándonos una pierna o llorando a nuestro lado. Es difícil saber que por mucho que nos queramos…no nos encontramos. Es difícil echarnos de menos teniéndonos tan cerca y sabiendo que nos queremos tanto. Y para mi lo más difícil de todo es que sigo convencido de que la persona que tengo al lado es la más maravillosa del mundo…pero apenas puedo disfrutarla.

Se vislumbra en el horizonte de pañales, llantos, cenas, baños, secadores, pijamas y deberes, un poco más de claridad a medida que se hacen mayores…la verdad es que no lo se…ya llevamos 8 años de padres y el cansancio también se nota…Puede que una de las cosas más importantes sea entender que la otra persona no nos deja de lado; que su necesidad de salir, aunque sea sin nosotros no es contraria a su deseo de estar con nosotros.  Saber entender las necesidades del otro, aunque no hagan engranaje con las nuestras. También es fundamental buscarse apoyos, tiempo para que cada uno se despeje y tiempo para estar los dos junto, aunque no siempre es sencillo. En algunas etapas…imposible. A nosotros lo que más nos ayuda es querernos mucho y saber que, para nosotros al menos, todo esto tiene sentido si lo disfrutamos juntos. Sabemos que llegarán días menos largos, menos cansados y tendremos tiempo y energía para salir juntos a pasear por la noche, para ir a Cádiz, para chasquear los dedos a la de tres y comprar un vuelo a Marrakech y para hacer el Camino de Santiago…cogidos de la mano.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres.

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