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8 razones por las que visitar a los abuelos es, posiblemente, el mejor plan para este fin de semana

Son muchos los planes que hacemos los fines de semana y solemos repetir de cuando en cuando. Sin embargo, hay un plan que se repite más que ningún otro. Un plan que ocupa alguna mañana o tarde de nuestros fines de semana en mayor medida que cualquier otro. Ese plan se llama abuelos. Para nosotros es esencial.

Sin embargo, cada vez más escucho a padres que me dicen que quieren tener una agenda de actividades en la que los abuelos no tienen espacio. Cuentacuentos, cumpleaños, quedadas con amiguitos del cole, excursiones y fines de semana “sin interferencias”. Algunos padres me hablan de la importancia de poner límites a sus padres para que no den demasiado la tabarra. En muchos casos son estrategias legítimas porque son abuelos que pueden tener una influencia negativa sobre los niños y los quieren apartar. Hablo de abuelos que hacen comentarios negativos sobre nuestra forma de educar con demasiada frecuencia y de forma hiriente o que despliegan toda clase de comentarios homófobos, xenófobos o racistas. Les puedo entender perfectamente, aunque también hay padres que deciden eliminar a los abuelos de su ecuación, símplemente porque no tienen tiempo para ellos en su apretada agenda de actividades positivas para sus hijos.

Se que no todos comulgaréis con esta devoción por visitar a los abuelos el fin de semana, pero yo he querido compartir con vosotros esta costumbre y explicaros cuales son las razones que creo  nos acaban llevando a marcar el número de teléfono de los abuelos para hacerles una visita muchos fines de semana. Una de las razones que me llevan a llamar a su puerta es que me gusta verles. Me recuerda a mi infancia. Me gusta pasar tiempo con ellos y sentirme niño en su casa. Por eso siempre que puedo me acerco a darles un beso, aunque no esté con los niños.  Aunque en este post me voy a centrar en las razones que me hace ir con los niños muchos fines de semana y por qué creo que es un plan genial y muy positivo para su desarrollo.

1. Porque los niños llevan la alegría a cualquier casa

En la mayoría de familias los abuelos ya no viven con sus hijos y nietos, como lo hicieron muchos de nuestros abuelos. Vivimos en una sociedad en la que nuestros mayores están cada vez más solos. A mi me gusta que mis hijos visiten a los abuelos porque cada vez que van, sus juegos, sus bromas y sus risas llenan su casa, su semana, de vida y también de alegría. Y creo que es también bueno para los niños porque así sabrán que la felicidad viene de compartir nuestra alegría, tiempo y generosidad con los demás sin esperar nada a cambio.

2. Porque juegan de una manera distinta

El juego que se da entre niños y abuelos no se igual al juego que establecen con otros niños o con nosotros. Es una modalidad distinta.  Hay más complicidad y más complacencia. Aquí las normas no se establecen con la brusquedad que ocurre entre los niños, ni con la autoridad de los padres, sino con la naturalidad que otorgan 70 años de experiencia. Por eso explican las cosas con tanta calma y tanta paciencia y por eso los niños se sienten tan cómodos a su lado.

3. Porque me gusta que nuestros hijos nos vean cuidar de nuestros padres

Para mi es fundamental. Yo quiero que mis hijos me vean visitar y cuidar a mis padres. Que me vean besar su cara arrugada, tomar sus manos con manchas y pasear al ritmo que les dejan sus piernas. Quiero que se quede grabada en su retina que sus padres cuidaron de los suyos y que nos sentimos afortunados de poder hacerlo. Así sabrán que no hay nada de malo en hacerse mayor o en cuidar a otras personas sino que es un privilegio en toda regla.

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4. Porque encuentran sus raíces

Una vez leí que el niño que no se encuentra con sus raíces no conoce la fuerza que tiene para crecer. No se quién lo dijo, pero si sé que me pareció una frase bonita. No se si de verdad los niños necesitan tener una referencia de sus abuelos para crecer con más fuerza, pero posiblemente les ayude a entender un poco mejor a sus padres el día de mañana y así, a entenderse mejor a ellos mismos.

Estar con los abuelos es algo natural para los niños

5. Porque me encanta ver a mis hijos jugar con los abuelos

No lo puedo evitar. Hay algo en mi que se llena de satisfacción cuando veo a mis padres, o los de mi mujer, encontrarse con nuestros hijos. Son dos generaciones conectadas por lazos de sangre, por genética y que pudiendo no encontrarse (porque no hay ninguna ley que diga que tenemos que visitar a los abuelos), pero que se encuentran y conectan. Cuando los veo juntos me hace disfrutar tanto como cuando los veo correr, saltar o trepar un árbol, porque creo que el hecho de encontrarse con ellos es igual de positivo e igual de natural.

6. Porque les enseñan cosas que nosotros no sabemos o hemos olvidado

Una de las caracterísitcas de las personas inteligentes es que han vivido mucho, a través de su propia experiencia o a través de los libros, historias y experiencias de los demás. Los abuelos hablan de los tiempos de después de la guerra. Hablan de cuando en las ciudades había serenos. De cuando se iba al cole de lunes a sábado. De cuando no había televisión y se entretenían escuchando la radio. De las canicas, de las chapas, de la pídola y de la goma. Y escuchan. Escuchan los juegos de los niños, los nombres de sus profes y sus amigos y todos los nombres de los personajes que los niños les quieran contar, porque si algo saben hacer los abuelos es escuchar. Y tanto escucha, escucha tanto Isabel como Fernando y eso es algo muy bueno porque a los dos les hace conectar con otra época, a los niños con el pasado, a los abuelos….con el presente.

Si tus hijos no aprenden de ti a pensar en sus mayores, ¿crees que te irán a visitar a ti?

7. Por puro egoísmo

También me encanta que mis hijos nos vean con sus abuelos por puro egoísmo. Cada generación que pasa los hijos crecen más despegados de sus padres.  Puede que sea bueno o puede que no. Sin embargo, yo tengo claro que me encantaría que cuando seamos mayorcitos nuestros hijos, algún domingo que otro, vengan a visitarnos. Sé que tendrán sus planes y que será difícil que saquen un hueco para nosotros, aunque confío que con mucho amor podamos seguir disfrutando de ellos, a ratitos, toda la vida. Y por eso quiero que vean que para nosotros la familia es algo muy importante. Porque los valores no se enseñan sino que se demuestran. Quizás no de sus frutos, aunque presiento que si no nos ven disfrutar y cuidar de nuestros padres será muy muy difícil que algún día ellos lo hagan con nosotros.

El ritmo de los abuelos encaja perfectamente con el de los niños

8. Porque un niño y un abuelo encajan a la perfección

Quizás sea porque saben que el otro no les mide por su destreza, su agilidad o sus habilidades, sino simplemente por ser. Quizás sea porque saben que el uno no espera nada del otro y que hay tiempo para todo. Quizás sea porque el ritmo de los abuelos se acomode, ahora que son mayores, al de los niños y haciendo que desaparezcan las prisas y las urgencias. Sea por lo que fuere hay una realidad y es que cada vez que veo a mis hijos hablando, bromeando o jugando con sus abuelos siento que encajan de una manera perfecta y especial. Perfecta porque se acomodan a la perfección y especial porque son momentos mágicos para los niños y para los abuelos. Y estoy convencido que esos momentos mágicos se quedarán por siempre con unos y otros.

Entiendo que no todo el mundo estará de acuerdo conmigo. Habrá padres que prefieren tener su autonomía. Padres que hayan aceptado, con mucho dolor y por unos motivos o por otros, que “los abuelos” no son una figura positiva para sus hijos. También hay muchos padres, lo sé porque me lo habéis escrito alguna vez, que no tienen a los abuelos cerca o que los han perdido para siempre. Lo lamento mucho.  Como en todos los posts, no se puede generalizar, pero quería transmitir que si los abuelos están cerca hay al menos 8 buenas razones por las que ir a comer a su casa o invitarlos a la vuestra es, posíblemente, el mejor plan que puedes hacer este fin de semana.  Disfrutadlos.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”
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