Querido hijo mayor:

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Querido hijo mayor:
Te escribimos esta carta porque hay algunas cosas que te queremos contar y otras muy bonitas que te queremos recordar.
 
El día que tu naciste nos hiciste el mayor regalo que nos habían hecho nunca. Nos hiciste padres y no lo podías haber hecho mejor. Ni en nuestros mejores sueños pudimos imaginar tener en los brazos un bebé tan bonito como tu. Eras tan pequeño que lo que más queríamos era tenerte en nuestros brazos y protegerte. Abrías tus ojitos porque querías conocer a todos y descubrir el mundo que tenías a tu alrededor. ¡Eras tan bonito y simpático! No solo a nosotros nos hiciste padres sino que hiciste abuelos a los abuelos, y tíos a tío Juan, tío Miguel, tío Ignacio y a tus dos tías; la tía Mery y tía María. Hiciste también primo a tu primo Iñigo. ¡No pudiste traer más felicidad a toda la familia!
 
Durante dos años fuimos una familia de tres. Salimos a pasear todos los días en tu porteador y también en el carrito. Íbamos los tres juntitos a casa de los abuelos y de los primos. Nos sentábamos a tomar el aperitivo con los amigos y siempre teníamos un ojo puesto en tí para que no te faltara un beso, un trocito de pan o un cariño. Estábamos felices y bien avenidos nos sentíamos dichosos de compartir todo contigo. 
 
Papá y mamá queríamos hacerte a ti también un regalo, así que un buen día nació tu hermana y por arte de magia tú también te convertiste en hermano. Dejamos de ser una familia de tres para ser una familia de cuatro. Tú nos observabas cuidar de tu hermana tranquilo; a ratos jugabas a tus cosas y nos ayudabas a cuidarla otros ratitos. Traías el pañal, buscabas el chupete y ponías en la cuna su osito. Mamá se ocupaba más de tu hermana y papá hacía muchas cosas contigo. Jugabáis con los coches, con la granja y sobre todo con tus dinosaurios y también erais los encargados de hacer la compra en el supermercado. Papá y mamá siempre nos turnamos para cuidar de tu hermana para que así mamá te siguiera cantando canciones, te llevara al parque y todas las semanas fuerais los dos solos a tomar un helado. 
 
Un año más tarde nació Lucía y como quien da un brinco dejamos de ser una familia de cuatro para ser una familia de cinco. Tu seguías observando calmado, aunque en casa todo estaba un poco más alborotado. En algunos momentos nos mirabas asustado porque las dos estaban llorando.  Cuando íbamos en coche eras el encargado de enseñar palabras a Leire y de colocar el chupete a Lucía. Y entre tanto llanto, pañal y alboroto comenzamos a olvidar nuestro paseo al supermercado y también tu cita semanal con mamá y vuestros helados…
 
Y aunque nos juramos que nunca dejarías de ser nuestro pequeñajo se nos fue olvidando. Poco a poco te hacías más grande, estabas hecho un campeón y nos ayudabas tanto que empezamos a verte mayor. Los padres, a veces nos olvidamos que los hermanos mayores sois todavía pequeños. Que necesitáis nuestro nuestro tiempo, nuestra mirada, nuestros juegos y nuestros abrazos. Que es difícil ser el primer niño de la familia que abre camino donde nadie ha pisado. Que es difícil sentir que tu padre y madre que te quieren tanto a veces se muestren enfadados y, lo que es peor decepcionados. 
 
Y sólo te queremos decir que lo sentimos. Que sentimos todas esas veces que te hemos pedido cosas de niño mayor cuando sólo tenías 5 o 6 años. Por las veces que tú contabas con nuestro paseo y se nos ha olvidado. Por las veces que quisiste darnos la mano pero la teníamos ocupada empujando del carrito de tus hermanos. Por las veces que estábamos demasiado cansados para jugar con tus dinosaurios. Por haberte dado toda nuestra atención y tener siempre disponibles nuestros brazos sin explicarte que sería así solo unos años. Por todas las veces que tus hermanas te han estropeado un dibujo, te han roto un lego o te han robado de nuestro lado y no hemos sido siquiera capaces de entender tus enfados. No es que te quisiéramos menos que cuando te teníamos en brazos. Es sólo que estábamos más ocupados, aunque nos duele que lo hayas notado. 
 
Sabemos que ser hermano mayor puede ser difícil y también un rollazo y por eso te escribimos esta carta. Para darte las gracias por hacernos padres y ser paciente con tus hermanos. Para pedirte perdón  por todas las veces que te has sentido más solo…y más tristes tus dinosaurios. Para decirte que entendemos tu añoranza y también tus enfados.  Pero sobre todo para decirte que desde hoy vamos a hacer un trato; siempre que eches de menos esos buenos ratos nos puedes pedir un abrazo, un paseo con papá al supermercado o que mamá se escape sola contigo a tomar un helado. 
 
Firmado: Papá y Mamá que te quieren como el primer día que te tuvimos en brazos

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