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7 estrategias para calmar rabietas tan socorridas como ineficaces

1. El grito

Si gritas intensificarás la activación de 3 de las áreas cerebrales que intervienen en las rabietas; la amígdala cerebral (miedo), la corteza orbital (frustración) y la ínsula (sentirse incomprendido) consiguiendo únicamente intensificar la rabieta. Desde el punto de vista de circuitos cerebrales es, posiblemente, la peor decisión de todas. Desde el punto de vista de la psicología infantil, una estrategia muy pobre de enseñar al niño que cuando las cosas van mal hay que mantener la calma.

2. El abandono

“Hugo. Lo siento pero me voy. Ahí te quedas”.  Esta estrategia puede hacer que el niño salga corriendo detrás del papá o la mamá porque estará aterrorizado de quedarse sólo, pero la rabieta seguirá ahí y puede reactivarse en cuanto te alcance o lleguéis a casa. Girarse y no mirar al niño es otra forma de abandonar sus emociones a sus suerte. Si estás en un aprieto urgente de tiempo, intenta tomar a tu bebé en brazos con mucha calma y dulzura y llévalo donde tengáis que ir. Posiblemente te pataleará, pero llegaréis a tiempo y puede que se calme por el camino.

3. La contención física

Esta es una técnica que nace de la ocurrencia errónea de que si el niño físicamente no puede patalear, entonces la frustración se habrá acabado. Si intentas abrazar muy fuerte o sujetar al niño enrabietado de los brazos o las piernas el resultado no será el esperado. Sólo conseguiremos que la rabia del pequeño sea mayor. Sólo recomendaría contener a un niño en una rabieta si se está dando golpes contra la pared…en ese caso le podemos invitar a tirarse al suelo y patalear si quiere, pidiéndole que no se de golpes fuertes.

4. La amenaza  

“Como no pares de llorar te vas a enterar”. Los que saben de animales siempre dicen que un animal salvaje sólo es peligroso cuando se encuentra herido o amenazado. El niño enrabietado ya se encuentra herido en su ilusión y orgullo. ¿Realmente quieres amenazarlo?

5. La vergüenza 

“Lucía deja de llorar…que este señor te está mirando”. La mítica frase que nos decían de pequeños  más que pasada de moda está científicamente desacreditada. No sirve para nada. La razón es muy sencilla; los niños de dos o tres años no pueden contener las emociones fuertes por si mismos y necesitan desgastarlas, antes de poder manejarlas. La vergüenza le dará igual o incluso agravará el problema.

6. La distracción

“¡Anda! ¡mira que perrito más bonito!”. Es un buen intento….en el año 2016 le funcionó a una madre en Finlandia y a un padre de familia numerosa en el sur de Inglaterra. Con esto quiero decir que puede que si la rabieta ya está terminándose una distracción puede ayudar un poquito a que el niño se calme, pero cuando el horno está a máxima temperatura intentar distraer al niño posiblemente sólo conseguirá que se revuelva.

7. El diálogo “Socrático”

“Mira, Sofía, yo se que tu quieres la piruleta, pero en la vida, no se puede tener todo…¿Te imaginas que todos tuviéramos todo lo que quisiéramos en todo momento?”. La verdad es que los niños a estas edades no entienden de silogismos.  El cerebro emocional del niño habla tan fuerte que aunque la parte racional de su cerebro entendiera todos tus razonamientos no tendría suficiente energía para calmarlo. Dicho esto; dar razones a los niños cuando les decimos “no”, es poco eficaz para resolver la rabieta en el acto, pero ayudará a que poco a poco sea capaz de lograrlo…así que podríamos decir que es una estrategia ineficaz en el corto plazo pero positiva en el largo plazo.

Las rabietas no se pueden calmar con un chasquido o un truco mágico. Las rabietas son un fenómeno natural y saludable del desarrollo cerebral infantil. Poco a poco el niño irá desarrollando la capacidad de calmarse y superar las frustraciones. Pero para ello necesita mucho tiempo y sentir que estás a su lado.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”

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